domingo, 27 de enero de 2008

Los masones salen de las tinieblas de la historia

Las logias de Baleares muestran en público y por primera vez una de sus reuniones, hasta ahora secretas / En las Islas hay 10 agrupaciones, con 400 masones / Un 60% son ciudadanos británicos residentes en el archipiélago

JUAN RIERA ROCA

PALMA.- «¿Entonces, las reuniones en las que se decide el futuro del mundo, cuándo son?», pregunta un espectador a un circunspecto masón: «No sea usted impertinente. Aquí hemos venido a pulir las aristas de la piedra bruta que somos, para convertirnos en sillares como los que aguantan las catedrales a través de los siglos.» Ayer fue un día histórico para la masonería en este archipiélago, o así lo aseguraban muy convencidos los propios masones. Como clausura de los actos del 15º aniversario de la Gran Logia Provincial de Baleares, se celebró por primera vez en las Islas y probablemente en España una tenida (reunión de masones) abierta al público.

O casi. Tanto el portavoz de la jornada, el periodista e historiador José Antonio de Haro, como el venerable maestro de la Gran Logia Provincial de Baleares, Manel Rull, insistieron a lo largo de la ceremonia en que lo que los espectadores veían era un pequeñísimo resumen de los trabajos de sus templos o talleres.

Con «música masónica» de Mozart y 16 minutos de retraso, tuvo lugar un acto que duró casi una hora y media y en el que, como sucede entre los masones, la mayor parte de lo que se vio fue liturgia. El escenario recordaba un templo masónico de verdad, lugar para un salto a otro lugar.

Lo explica De Haro: «Se trata de conseguir un espacio sagrado fuera del tiempo. En el templo se intenta restablecer el orden del universo remediando el caos». Ese templo se había montado en el salón de la planta baja del Palacio de Congresos del Pueblo Español.

Presidiendo el conjunto, tres sillones: el del venerable, hacia el Oriente. Representa la sabiduría. Ubicado hacia donde sale el sol, la luz que ilumina a todos. El segundo sillón es el del primer vigilante, hacia el Occidente, por donde se oculta el sol. Su papel, reforzar el fervor de sus hermanos. El sillón del segundo vigilante, hacia el Sur, «sigue el camino de la perdiz». Su deber es velar por los aprendices. En el centro una alfombra ajedrezada simboliza la complementariedad de los opuestos. Tres candelabros dibujan una escuadra, uno de los símbolos más importantes. Sirve para convertir en lados rectos las aristas de las piedras en bruto que son las personas. El otro gran símbolo, el compás, es la herramienta del Arquitecto Supremo. Sirve para construir el Universo.

La ceremonia comienza con lo que más tiempo dura, el desfile de los representantes de las logias: Ramon Llull 9, Arquímides 32, Ibiza 44, Menorca 60, Concord 66, Pitágoras 70, Fiat Lux 68, Fraternidad 90... En total, 10 logias, 400 masones, un 60% de origen británico.

Todos entran y salen precedidos y antecedidos de los dos maestros de ceremonias, que portan una espada recta y una espada ondulada. Todos llevan chaqueta negra y pantalón gris a rayas. Sobre las solapas, los emblemas de su rango y el delantal azul, el mandil de los masones.

Una vez reunidos, el venerable maestro lee un relato que incita al sabio a no ser mero espectador del universo sino a intentar mejorarlo, aunque sea sólo su pequeña parcela. Después llega el resumen de una ceremonia fúnebre, en recuerdo por los masones de Baleares muertos durante estos 15 años.

Se leen sus nombres. El venerable da tres golpes en la mesa con un martillo. Se apaga una vela negra, que representa la vida en la tierra. Se enciende una vela blanca en espiral, que representa el más allá. El recuerdo de «los que adornan las columnas del Oriente» sirve como ejemplo de virtud.

La mezcla de ceremonias termina también con tres martillazos y una procesión de regreso, escoltada por los maestros de ceremonias. Los masones aseguran que con estas tenidas buscan un crecimiento de cada individuo que sirva para que el mundo sea un lugar mejor.

Franco creía que los masones querían destruir la Iglesia y traer el comunismo. Independientemente de las paranoias del dictador, lo cierto es que muchos de los próceres de la Segunda República española eran masones, como lo son o han sido muchos de los miembros de los gobiernos socialistas del actual periodo democrático.

De Haro aseguraba ayer que la reunificación de los masones en 1723, por el pastor protestante inglés James Anderson, incluyó una cláusula en la que se excluía como posible nuevo hermano a los ateos. En cada tenida una Biblia, un Corán o textos hindúes, según el país, presiden la reunión.

Con todo, la leyenda del misterio aún perdura. Ayer fue un día histórico, es cierto, porque los albañiles salieron a la luz, aunque todo el rato recordaran que solo se mostró la punta del iceberg, o la cúspide del templo, para ser más propios.

El Mundo-El Día de Baleares, edición digital, domingo 27 de enero del 2008. http://www.elmundo-eldia.com/2008/01/27/illes_balears/1201457133.html

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