
JOAN RIERA ¿Cuántas calles de Palma conocemos?, ¿en cuántas ocasiones hemos sido interrogados por un forastero que busca de una dirección y se nos ha puesto cara de ignorantes? Nuestros problemas para convertirnos en amables anfitriones se agravarían si no contáramos con calles identificadas por sus correspondientes nombres y casas con número junto al portal.
La rotulación tiene poco más de 200 años. No es que las vías no tuvieran una denominación conocida, sino que esta obedecía al bautismo popular, generalmente asociado a algún propietario notable que vivía en ella o a un oficio que allí se practicaba, pero sin constancia escrita en los muros.
Fue Carlos III quien en 1769 ordenó que en todas las ciudades de una cierta importancia se numeraran los edificios -incluidas las iglesias y sedes de instituciones- y se marcaran las manzanas. Corría 1794 y las autoridades palmesanas aún no habían cumplido el mandato real. Entonces, según cuenta Diego Zaforteza Musoles en su ensayo histórico y toponímico de Palma, se encargó a un patrón de barco, de nombre Peregrín Porter, que "en su primer viaje que hiciese desde Valencia trajese un azulejo de los usados en dicha población para el mismo efecto". Simultáneamente se encargó al maestro mayor de obras que elaborase una lista con los nombres de las calles.
Tanto la tarea de recopilación del callejero, como las negociaciones para adquirir las cerámicas en Valencia estuvieron plagadas de dificultades. La nomenclatura de las calles no se hizo de forma sistemática y hubo que reiniciarla.
Las negociaciones con distintas fábricas de azulejos se prolongaban porque los precios siempre parecían excesivos, probablemente los regidores de la época no entendían para qué iba a servir tanto dispendio. Las ofertas de los rajolers José Cola y Marcos Antonio Desdier fueron rechazadas y se aceptó la del francés Tomás de Dussueil. Las baldosas llegaron a Palma en abril de 1796 y comenzaron a colocarse un año después, en el verano de 1797.
Aun así, en plena Guerra de la Independencia (1808-1814) era habitual que en los anuncios que se publicaban en el primer Diario de Mallorca se obviara todavía el sistema de nombres y números: "El carpintero que vive junto al horno den Frau informará de una nodriza que vive en Santa Catalina extramuros de esta ciudad, que solicita criar: tiene leche de dos meses".
Diario de Mallorca, edición digital, viernes 7 de marzo del 2008. http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008030700_4_337298__Diario-de-Palma-calles-numeros

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