domingo, 16 de marzo de 2008

Marciana Palma

El CaixaForum acoge la muestra ´Marte-Tierra: una anatomía comparada´, un científico e ilustrado ´cara a cara´ entre el Planeta Rojo y el mundo humano que desvela ligeras pero grandes diferencias entre ellos

CARLES MULET. PALMA. Tocar un pedacito de Marte no convierte en astronauta. Tampoco provoca efectos secundarios, ni confiere superpoderes extraterrestres. Aún así, frotar una roca marciana con la yema del dedo índice tiene morbo, excita. Y convida a una mística reflexión. Una pequeña porción del planeta rojo -apenas cinco centímetros cuadrados- aterrizó anoche en Palma. Reclamo suficiente, aunque no único, para visitar Marte-Tierra: una anatomía comparada, exposición que acoge desde ayer el CaixaForum. La muestra, concebida como un científico e ilustrado ´cara a cara´ entre el Planeta Rojo y el mundo humano, se podrá visitar hasta el 4 de mayo.

Dicen que las comparaciones son odiosas. No en este caso, tan necesarias, tan reveladoras. La primera, muy visual, nada más iniciar el didáctico recorrido. Los dos mundos flotan, frente a frente, en tres dimensiones y a escala. La Tierra luce grande, azul y verde. Marte se revela mucho más pequeño, rugoso y pintado de plomizos ocres. Se acompaña la performance de una buena ración de datos para situar al visitante. Llama la atención la temperatura media de cada orbe. Mientras el astro humano disfruta de 15º C, el marciano soporta 55º bajo cero. La vida, tal y como se conoce, se antoja imposible. Otro detalle de interés que explica la no presencia de agua líquida en la superficie del planeta rojo: su atmósfera es mucho más delgada, con una presión superficial equivalente a una centésima parte de la terrestre.

El segundo punto de la visita es un juego con trampa. Veinticuatro fotografías invitan a averiguar la procedencia de las mismas. La mitad son de enclaves reconocibles, de estampas saharianas. El otro cincuenta por ciento son paisajes marcianos. Las diferencias son mínimas y equivocarse es fácil. La respuesta correcta pasa por saber interpretar el cielo. En Marte al azul no existe, el polvo es infinito y el Sol se ve algo más pequeño.

Tercera parada del paseo espacial por el CaixaForum. Una pequeña viruta de meteorito marciano se deja acariciar por el visitante. Irresistible tentación. Se informa además de que son muchas la piedras de Marte que han logrado alcanzar la Tierra. La muestra traída a Palma, el mejor aval.

Llegados a este punto, la actividad geológica marciana centra la atención. Primero, la interna, donde la tectónica de placas y la volcánica son protagonistas. Una diferencia, se explica, entre los cráteres de los dos mundos es el tamaño. Para ilustrar se comparan montañas como el canario Teide (3.710 metros ) o el poderoso Everest (8.880) con el Olympus Mons marciano. Sus 24.000 metros de altura y sus 600 kilómetros de diámetro hablan por sí solos. Después, turno para la geología interna. Aquí la sedimentación revela que en Marte hubo playas, lagos y ríos. No difieren muchos las imágenes captadas allí por la NASA y la ESA de algunas tomadas en la Tierra. El paralelismo es asombroso. También en las dunas que moldea el viento en ambos lugares. O en el efecto de la erosión. En el Planeta Rojo es Eolo el máximo responsable de ésta, capaz de generar figuras parecidas a pirámides que hace tiempo hicieron pensar en la existencia de civilizaciones marcianas. El mito, ya desmitificado.

Cierran la visita los apuntes de hidrología y meteorología. Muchas similitudes, igualmente, en las imágenes de las tormentas de polvo marcianas (capaces de cubrir todo el planeta). En las de unos remolinos tipo cap de fibló. En las de redes hidrográficas, secas aunque de aspecto descaradamente terrestre. O en los retratos de unos familiares casquetes polares, formados allí por hielos de agua y dióxido de carbono.

Diario de Mallorca, edición digital, miércoles 12 de marzo del 2008. http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008031200_9_338739__Actual-Marciana-Palma

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